en-Acompañar a quien acompaña ¿Qué se necesita para supervisar?

11/04/2021

Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social.

Byung-Chul Han1

No cabe duda de que, el mundo como lo conocíamos está cambiando a la velocidad de un contagio. Estos cambios nos obligan a repensar la forma en que nos cuidamos, vinculamos y relacionamos, desde la sana distancia que nos impide el contacto físico, hasta las formas de producción que han tenido que migrar casi en su totalidad a un modo remoto.

Hoy, más que nunca, reconocemos la importancia del trabajo e intervención en materia de salud mental; hay quienes hablan de la "otra pandemia", la silenciosa, esa que tiene que ver con los efectos psicológicos y emocionales de esto, que nos está tocando vivir y de los que no podremos dar cuenta mas que a posteriori. El acompañamiento psicológico y la escucha son herramientas necesarias para sobrevivir el dolor y el malestar epocal, sobretodo en estas fechas.

Siempre me he preguntado qué lleva a alguien a decidir acompañar el dolor. No es fácil, requiere de habilidades, de estudio y de mucha consciencia y trabajo interno para decidir ponerse ahí. Genuinamente tiene que haber un deseo. Me gusta creer que para quienes nos dedicamos a esto, siempre que estamos frente al otro hay algo de nervios que nos hacen no confiarnos para poder alojar no sólo la otredad, sino las emociones y la historia de quienes confían en nuestro trabajo. Algo similar a lo que deben sentir actores y actrices cuando se encuentran detrás de un telón que está a punto de abrirse.

Recuerdo ese sentimiento de la primera vez que me senté frente a alguien para escucharlo, no sabía si lo haría bien. No sabía si realmente sabía escuchar. Recuerdo que ese sentimiento se repitió y permaneció cuando supervisé por primera vez. Lacan pensaba que la traducción y la transcripción son imposibles, no hay forma de abarcar o de transmitir una sesión; sin embargo, la importancia de supervisar y ser guiado hace que eso que se narra, eso que se trae a una supervisión tenga interlocución y nos advierta de los sesgos que pueden darse al acompañar a alguien. Irónicamente trabajar con personas se vuelve un camino solitario, por eso la importancia de la supervisión. Pero, si se requiere de un deseo genuino para acompañar el dolor ¿qué se necesita para supervisar?

La supervisión más que un ejercicio de poder o vigilancia, lo pensamos como un pilar de la acción profesional, generando un espacio de reflexión y aprendizaje basado en la experiencia, pero sobretodo en la capacidad de construir y resolver desde la interlocución. Acompañar, escuchar o trabajar con personas, requiere un espacio de supervisión permanente que ayude a acomodar la dirección de las intervenciones y nos permita evaluar el trabajo hecho. Sin duda, supervisar requiere de un posicionamiento ético que estructure el saber y la experiencia para ponerlo al servicio de las mejores prácticas. En otras palabras, supervisar requiere tomar en cuenta la complejidad de la época, estar a la altura del malestar, para alojar al otro en su otredad y posibilitar oportunidades para quien acompaña.

Recuerdo la primer vez que me tocó supervisar un grupo. Es cansado, implica ponerse para brindar un rebote que permita construir y analizar los casos, para lograr los mejores resultados. Ese deseo de acompañar el dolor se torna exponencial. Supervisar también requiere deseo y un compromiso enorme. Supervisar para supervisar. Acompañar a quien acompaña. Y es que no podría ser de otra forma, porque se trata de la experiencia humana.

Me emociona saber que me falta otra primera vez, supervisar a supervisores. Y es que al final del día, el ejercicio de la supervisión se trata de posibilitar vínculos que generen posibilidades para los y las supervisoras, así como a las instituciones a las que pertenecen.

Creo firmemente que acompañar a quienes acompañan representa una posibilidad de reconocer al otro, a la otredad; de dar un espacio, no para separarnos sino para que esa diferencia nos cautive y atrape, nos permita generar lazos e identidades para responder a las nuevas formas de relacionarnos. Supervisar aparece como una herramienta para dar forma a lo humano desde un lugar ético, garantizando así un trabajo profesional y trascendente para responder a la altura de la época.

Por: Jonathan Silva, psicoanalista y docente del diplomado Formación de supervisores del ejercicio práctico profesional